No queda luz en el vuelo

No queda luz en el vuelo
del balancín de la infancia.

Queda noche, queda sombra
en cada fusta de lágrimas.
¡Timbre de la voz del agua!.

No sabe a boca el aliento
de las últimas palabras.

Tiene nombre, lleva olvido
el atardecer de escarcha.
¡Timbre de la voz del agua!.

No huele a viento el quejido
de la luna inesperada.

Viene lluvia, viene nieve,
por el horizonte avanza.
¡Timbre de la voz del agua!.

¡Yo quise un llanto de río,
de orilla oscura y callada!.
¡Timbre de la voz del agua!.

Gustavo Adolfo Medina, La Canción Que Nunca Diré

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