Estética del miedo y la prudencia

Estética del miedo y la prudencia
a las puertas del grito y el fracaso.
Saber estar, dominio de la herida
en el trance inconfundible del acaso.

Juegos de luz en guerra con las sombras
titánicas del ruido y su hemisferio.
Parábola del hambre y el estigma
de los sueños destruidos por el tiempo.

Volcán de voz, estrépito de lunas,
en la meca permanente del destino.
Ajuar de mar bañando de penumbra
el abismo sustancial del precipicio.

Óbolo del corazón, matriz poblada
de paisajes de pájaros y nubes.
Resistencia de la cruz a la indulgencia
en el Gólgota temible de las cumbres.

Aceptación cabal del daño y su certeza
como señal final de rendición sin alas.
Derrotas que se esconden en la mueca
colérica del niño que se enfada.

Sensación de adiós, ritual de olvido
pequeño en la capilla de la lágrima.
Encuentro de la noche con su noche,
réquiem de azar, abril del alma.

Gustavo Adolfo Medina, La Canción Que Nunca Diré

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