He llorado por dentro como un niño

He llorado por dentro como un niño
que se sabe abandonado.
Un caudal de tristezas diminutas
me ha anegado el alma.
Las promesas que enterramos en los otros
se rindieron a la vida.
No me queda más oxígeno que pueda
devolverme la esperanza.

A la sombra de los tiempos que corren
mi reloj se detiene.
Un antiguo rencor sin contornos
me emponzoña la sangre.
El ajuar de mis lágrimas vírgenes
se emborracha de noche.
Una estela de juegos de luna
se apelmaza en mi carne.

La quietud del ocaso se deja
sentir por los caminos.
De los hilos de voz que aún conservo
no me sale ninguno.
Atesoro un cadáver caliente
bajo un sol de justicia,
afincado en los años que quedan
por venir, uno a uno.

La vergüenza del quiero y no puedo
me escupe cada día.
Un mendrugo de pan me recuerda
mis sueños inconclusos.
El tenor de las óperas huecas,
cantadas por los grillos,
embebido de aplausos repite
su fatídico número.

Mundo bobo de tanto girar
sobre un eje imposible.
Sucesión de cuestiones espurias
que se creen transcendentes.
Un clonar de pasiones distintas
a sus células madre.
Un vagar por espacios vacíos,
cercanos a la muerte.

Más trasluz, que la niebla no impida
que la rueda se pare.
Más verdad, que la recta prudencia
derrote a la mentira.
Más razón, que un idiota no siga
gobernando las almas.
Más soñar, que los sueños perduren
hasta el fin de los días.

Gustavo Adolfo Medina, La Canción Que Nunca Diré

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2 pensamientos en “He llorado por dentro como un niño”

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