En el tragaluz del aire

En el tragaluz del aire
tormenta y bruma de sueños.
Apenas dos almas tristes
en las estrofas del verso,

que brota y brota sin luna,
a regañadientes, tenso;
superviviente en un río
de peñascos grandes, fieros.

Hilo de noches que enhebra
un recuerdo dulce, viejo.
Ardor de la primavera
en la raíz del almendro,

que no nace de la sombra
abril del agua en el juego,
sino del horno de nieves
que se atesora en invierno.

Palma de hiel en la corte
del subjuntivo perfecto,
una brújula de lenguas
busca una orilla de miedos

parte de ayer y mañana,
en la coraza del viento
austral de las mermeladas
avariciosas de besos.

Pobre de luz en el ojo,
de belleza marzo intenso,
puede la noche a la noche
en el instante del quiero,

cima de cúpula herida
en las campanas del templo
donde mi boca es la boca
del precipicio del cielo.

Gustavo Adolfo Medina, La Canción Que Nunca Diré

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