Coronaré de gloria la moneda

Coronaré de gloria la moneda
rodada,-que gastaste en caramelos-,
el cine de a peseta de los sábados
y la profunda oscuridad del puente viejo.

Ensancharé las calles hoy pequeñas,
el estrépito domingo de los juegos,
el ruido de la noche entre las zarzas
y la sonrisa misteriosa de los muertos.

Escucharé tu nombre sin prejuicios,
el rostro del pecado en el silero,
el verbo que se ahoga en su abundancia
y la caricia a musgo húmedo del viento.

Te buscaré en las entrañas de la vida,
en el alma de un ayer de abril perfecto,
en el olor a guiso ansiado de la olla,
en el drama de la lágrima del luego.

Olvidaré las veces que te fuiste,
el castigo del carbón y el niño ciego…
Mi corazón, varado en la cornisa
eterna del crepúsculo del tiempo.

La Canción Que Nunca Diré, Gustavo Adolfo Medina

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